A menudo, en las fiestas (a las que evito concurrir siempre que puedo) alguien me da un fuerte apretón de manos, sonriendo, y después me dice, con aire de jubilosa conspiración: "Sabe, siempre he deseado escribir."
Antes, yo trataba de ser amable.
Ahora, contesto con la misma regocijada excitación: "Sabe, siempre he deseado ser neurocirujano."
Me miran con perplejidad. No importa. Últimamente circula por el mundo mucha gente perpleja.
Si quieres escribir, escribes.
Sólo escribiendo se aprende a escribir. Y ése, en cambio, no es un buen sistema para enfrentarse a la neurocirugía.
-JOHN D. MACDONALD-

martes, 30 de noviembre de 2010

El Club de la Lucha (I)

Te despiertas en los aeropuertos de Seattle, San Francisco, Los Ángeles, o bien en el de Chicago. El de Dallas, Forth Worth, Baltimore... Vas de la hora del Pacífico a la de las Rocosas. Pierdes una hora, ganas una hora.

AZAFATA: La facturación para ese vuelo se abrirá dentro de dos horas.

Ésa es tu vida, y se está acabando por minutos. Te despiertas en el aeropuerto de Air Harbour. ¿Si te despertaras a otra hora, en otro lugar, te despertarías siendo otra persona?
Viaje a donde viaje, la vida es simple: raciones individuales de azúcar, raciones individuales de leche, de mantequilla, bandeja de pollo al cordon bleu para microondas, champús y cremas suavizantes, muestras de enjuague bucal, diminutas pastillas de jabón... Las personas a quienes conozco en cada vuelo son mis raciones individuales de amigos. Entre el despegue y el aterrizaje es el único tiempo que compartimos.

Si el tiempo de vida es largo, el índice de supervivencia se reduce a cero.

JACK: Yo era perito de una empresa de automoviles. Mi trabajo era aplicar La Fórmula.
ENCARGADO #1: El niño atravesó el parabrisas por aquí. Tres puntos.
JACK: Un modelo fabricado por mi empresa sale a una velocidad de cien kilómetros por hora. La dirección se bloquea.
ENCARGADO #2: El aparato dental del adolescente se incrustó en el cenicero del asiento trasero. Sería una buena publicidad antitabaco.
JACK: El coche se estrelló y ardió atrapando a los que viajaban en él. ¿Debería llamar a la fábrica?
ENCARGADO #1: El padre debía ser muy corpulento.¿Ves esa grasa quemada pegada al asiento con la camisa de polyester? Parece arte moderno.
JACK: A) Se toma el número de vehículos de ese modelo. B) Se multiplica por el índice de probabilidades de fallo. C) Se multiplica por el acuerdo económico acordado sin ir a juicio. A por B por C

JACK: Igual a X. Si el resultado es menor de lo que costaría una llamada a fábrica, no la hacemos.
PASAJERA: ¿Hay muchos accidentes de ese tipo?
JACK: Ni se lo imagina.
PASAJERA: ¿Para qué compañia de automóviles trabaja?
JACK: Una muy importante.

Cada vez que el avión se ladeaba bruscamente durante el despegue o el aterrizaje, rezaba para que nos estrellaramos, o para que hubiera una colisión en el aire, lo que fuera. El seguro de vida paga el triple si mueres en un viaje de negocios.



TYLER: Si su asiento está al lado de una salida de emergencia, o bien si se siente incapacitado para cumplir las funciones descritas en las medidas de seguridad, pídale al asistente de vuelo que le cambie el asiento.
JACK: Es una gran responsabilidad.
TYLER: ¿Cambiamos el asiento?
JACK: No, no soy el adecuado para esa tarea en particular.
TYLER: ¿Para qué la salida de emergencia a 10.000 metros de altura? Ilusión de seguridad.
JACK: Si, supongo...
TYLER: ¿Por qué los aviones llevan mascarillas de oxígeno?
JACK: Para poder respirar.
TYLER: El oxígeno te coloca. En caso de una emergencia respiras hondo debido al panico. De ese modo te vuelves eufórico, dócil, aceptas tu destino. Está todo ahí. Aterrizaje de emergencia a mil kilómetros por hora: caras inexpresivas, tranquilas, como vacas hindúes.
JACK: Es.... una teoría interesante. ¿Tú qué haces?
TYLER: No entiendo.
JACK: ¿A qué te dedicas?
TYLER: ¿Por qué? ¿Para que finjas que te interesa?
JACK: chss.. jeje. De acuerdo...
TYLER: Noto un desespero enfermizo en tu risa.
JACK: Tenemos maletines idénticos.
TYLER: Jabón.
JACK: ¿Cómo?
TYLER: Fabrico y vendo jabón. La civilización se mide por su consumo.

Así fue como conocí a

JACK: Tyler Durden.
TYLER: ¿Sabías que mezclando gasolina con concentrado congelado de naranja fabricarías Napalm?
JACK: No, no lo sabía. ¿Es cierto?
TYLER: Ya lo creo. Puedes fabricar toda clase de explosivos utilizando productos caseros.
JACK: ¿En serio?
TYLER: Siempre que te interese.
JACK: Tyler, te aseguro que eres la ración individual más interesante que he conocido.... En fin, volando te lo sirven todo en raciones individuales, personas indi
TYLER: Ya entiendo. Muy agudo.
JACK: Gracias.
TYLER: ¿Y como te funciona eso?
JACK: ¿El qué?
TYLER: Tu agudeza.
JACK: Bien.
TYLER: Sigue así. Sigue en ello. Ahora, una cuestión de etiqueta: ¿cuando pase quieres que te ofrezca el culo o la bragueta?

Salsa de Carne (III)



31.- ALVARO: (Ordenando las cartas de Magic) Como las tierras no sabía cómo ordenarlas las he puesto a la altura que se encuentra el horizonte.
32.- ITXASO: ¿Te imaginas un tigre negro?
TOR: Con rayas de un color así wachi.
ITXASO: Amarillas molaría
TOR: No amarillas no por que se convertiría en tigrechu y perdería la gracia.
33.- UN YONKI: Ehhh.. ¿Un cigarro?
KRISTIAN: No gracias
.....
KRISTIAN: (al rato) ¿He dicho no gracias?
MANU: ¡Si! ¡Jajajajaja!
34.- KRISTIAN: (Con voz apasionada): ¿¡POR QUÉ!? ¡NO ES JUSTO! Siempre he tratado de ser la mejor puta de este harén.
35.- Haydeé comiendo natillas. York le mira con cara de degenerado.
HAYDEÉ: No Noooooo no lo digas porque si no no podré comerlas
YORK: ¡¡¡¡Semeeeeeeeeeen!!!!
TODOS: ¡¡¡Nnnoooooo!!!!
ALVARO: ¡Já! ¡Joderos todos! Menos mas que yo tengo de chocolate...... ¡Mierda!
36.- ALVARO: ¡Y que me de poder!
37.- ITXASO: Mis pinceles sufren alopecia
38.- EDER: (borracho) Estoy esperando a ver si me viene el pis (5 segundos) Plof! (se cae al suelo)
39.- ALONSO: Alguien tendrá que joderte
40.- MENDIGUREN: ¿No os dais cuentas? Ahora mismo, en una galaxia paralela a esta, en una dimensión espacio-temporal idéntica, en algún planeta remoto, puede haber cuatro lagartos en una campa echándose unos petas y discutiendo sobre estas mismas cosas....eso sí, en su idioma lagártico.
41.- TXUFO: Su voz es como el chillido de un Nazgûl.
ALONSO: Los Nazgûl son como el Reggaetón: hacen daño a los oidos
42.- TRAVIS: ?Sabes quien va a hacer de niño en la nueva de Karate Kid? El hijo de Will Smith
TXUFO: ¡No jodas! ¡Pero si los negros no pueden hacer karate!
43.- EDER: Pero si ese chaval no es más que un crío de 12 años, y se paseaba por la pasarela el día del estreno en EEUU como si se fuese a comer el mundo.
TRAVIS: ¿Qué va a comer ese negro?
44.- EDER: (jugando a Magic) Te ataco con todo esto.
KRISTIAN: ¡y yo te doy por el orto!
45.- EDER: ¡Dime guarradas! ¡Dime cochinadas!
VIGIL: ¡OINK!

domingo, 28 de noviembre de 2010

Salsa de Carne (II)



16.- KRISTIAN: Porno Gay de Negros Pares
17.- KRIS: Imagínate a Eder amamantandose de Adri
18.- VIGIL: ¿Te imaginas las noticias, dentro de un tiempo?: "Nace el primer heavy en cautividad"
19.- ITXASO: ¡Tírale una silla!
TOR: No, que va a teletransportarse una señora en medio
20.- ALVARO: Serpiente: Eva, prueba del fruto prohibido. Eva: ¡Coño! ¡Un tomate que habla!
21.- TXIRI: Anda, levanta, que yo no meto mi pasta en un banco de maricones, y ahora voy donde tu mujer y tu jefe y les digo lo que eres capaz de hacer por dinero.
22.- MENDIGUREN: Yo antes era gudari
23.- CELIA: ¿Tu te crees que se puede ir por la vida rompiendo cabezas a la gente?
ITXASO: Hoy en dia hay que saber como atropellar a la gente
24.- AYMAR: ¿En las Legiones Negras hay mujeres? ¡Yo pensé que era un mundo homoerótico!
25.- YORK: ¿Confiáis en la Providencia, en Buda, en Mahoma?
TRAVIS: ¡¡Yo confío en mi Par De Cojones!!
26.- ALVARO: ¿Qué es? ¿Un pavo?
AYMAR: Con tetas.
ALVARO: Perfecto
27.- YORK: Yo soy de tecnológico. A mi háblame de motores y te entiendo.
ALVARO: ¡Pingas!
YORK: ¡Si, ése es el mejor motor! (Hace gestos fuckantes) ¡¡Aaaaah!! (Se retuerce de dolor) ¡¡Hijos de puta!!
TRAVIS: El amor es el motor que mueve el mundo.
YORK: ¡Tu madre es la que mueve el mundo!
TRAVIS: Claro, por eso está ta gorda.
28.- ALVARO: ¿Travis, que haces?
TRAVIS: Leerme los botones del pantalón, no se lo que pone.
29.- YORK: ¿Qué hora es?
TRAVIS: Ist Krieg.... ¡Es la Hora de la Herramienta, con Tim Allen!
30.- YORK: (Se tira un pedo) Gas ist krieg.
TRAVIS: Eso decian los alemanes.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

La Chaqueta Metálica (I)






HARTMAN: Soy el Sargento de Artillería Hartman, vuestro instructor jefe. A partir de ahora únicamente hablareis cuando se os hable. Y la primera y la última palabra que saldrá de vuestros sucios picos será señor. ¿Me entendeis bien, capullos?
TODOS: ¡Señor, si, señor!
HARTMAN: ¿Qué coño? ¡No os oigo. ¡Gritad como si tuvierais huevos!
TODOS: ¡SEÑOR, SI, SEÑOR!
HARTMAN: Si alguno de vosotros, nenas, sale de esta isla, si sobrevivís al entrenamiento, seréis como armas; ministros de la muerte, siempre en busca de la guerra. Pero hasta ese día sois una cagada. Lo más bajo y despreciable de la tierra. Ni siquiera algo que se parezca a un ser humano. Sólo sois una cuadrilla de desgraciados. Una panda de mierdas inútiles pasados por agua. Como soy muy duro se que no voy a gustaros, pero cuanto peor os caiga mejor aprenderéis. Soy duro pero soy justo, y aquí no hay ninguna intolerancia racial. Yo no desprecio a nadie por que sea negro, judío, latino o chicano. Aquí todos sois igual de insignificantes. Y mis órdenes son acabar con todos aquellos que no sean capaces de dar la talla en mi amado cuerpo. ¿Me entendéis, capullos?
TODOS: ¡SEÑOR, SI, SEÑOR!
HARTMAN: ¡Coño, más alto, no os oigo!
TODOS: ¡¡¡SEÑOR, SI, SEÑOR!!!
HARTMAN: ¿Cómo te llamas, pichafloja?
RECLUTA COPO DE NIEVE: ¡Señor, Recluta Brown, señor!
HARTMAN: Desde ahora te llamas recluta Copo de Nieve. ¿Te gusta el nombre?
RECLUTA COPO DE NIEVE: ¡Señor, si, señor!
HARTMAN: Pues te voy a decir una cosa que no te va a gustar, Copo de Nieve. Aquí en mi cantina no vas a poder comer todos los dias pollo frito y sandía.
RECLUTA COPO DE NIEVE: ¡Señor, si, señor!
RECLUTA BUFÓN: ¿Eres tu John Wayne, o soy yo?
HARTMAN: ¿Quién ha dicho eso? ¿Quién coño lo ha dicho? ¿Dónde está ese comunista de mierda, la maricona soplapollas que acaba de firmar su sentencia de muerte? ¿Nadie, eh? Por lo visto ha sido la reina de los mares. Os voy a triturar, vais a hacer ejercicio hasta reventar. Vais a hacer instrucción hasta que se os quede el culo como mantequilla. ¿Has sido tú, rata asquerosa? ¿¡Eh!?
RECLUTA COWBOY: ¡Señor, no, señor!
HARTMAN: Eres un cagao y pareces un gusano inmundo. Juro que fuiste tú.
RECLUTA COWBOY: ¡Señor, no, señor!
RECLUTA BUFÓN: ¡Señor, fui yo, señor!
HARTMAN: Vaya, no me jodas. ¿Qué tenemos aquí? ¿Un jodido bromista? ¿Un bufón? Admiro tu honradez. Si coño, me gustas tanto que te invito a mi casa a tirarte a mi hermana. Sólo eres un pichafloja. Me quedo con tu nombre y me quedo contigo. No te vas a reir, ni vas a llorar. Vas a aprender de carrerilla. Yo te voy a enseñar. Y ahora levanta. ¡Ponte en pie! Mejor será que no me encabrones, porque si no te abro la cabeza y te follo hasta el hígado.
RECLUTA BUFÓN: ¡Señor, si, señor!
HARTMAN: Recluta Bufón, ¿para qué te alistaste en mi amado cuerpo?
RECLUTA BUFÓN: ¡Señor, para matar, señor!
HARTMAN: ¿Te gusta matar?
RECLUTA BUFÓN: ¡Señor, si, señor!
HARTMAN: A ver, pon cara de pelea.
RECLUTA BUFÓN: ¿Señor?
HARTMAN:  Es eso cara de pelea? ¡AAAAAAHHH! Esto si es cara de pelea. Venga, pon cara de pelea.
RECLUTA BUFÓN: ¡AAAAAAAHHH!
HARTMAN: ¡Puta mierda! No me convences, pon cara de pelea de verdad.
RECLUTA BUFÓN: ¡¡¡AAAAAAAHHH!!!
HARTMAN: No me das miedo. ¡Sigue con ello!
RECLUTA BUFÓN: ¡Señor, si, señor!
HARTMAN: ¿Cuál es tu excusa?
RECLUTA COWBOY: ¿Señor, excusa de qué, señor?
HARTMAN: Yo soy el único que hace preguntas aquí. ¿Lo entiendes, recluta?
RECLUTA COWBOY: ¡Señor, si, señor!
HARTMAN: Te lo agradezco mucho basura. Ahora, ¿me dejas continuar?
RECLUTA COWBOY: ¡Señor, si, señor!
HARTMAN: ¿Qué te pasa? ¿Esta nervioso?
RECLUTA COWBOY: Señor, lo estoy, señor.
HARTMAN: ¿Te pongo yo nervioso?
RECLUTA COWBOY: Señor...
HARTMAN: ¿¡Señor qué!? ¿¡Estabas a punto de llamarme gilipollas!?
RECLUTA COWBOY: Señor, no, señor.
HARTMAN: ¿Cuánto mides recluta?
RECLUTA COWBOY: ¡Señor, 1,80, señor!
HARTMAN: ¡1,80! No sabía que una mierda podía ser tan alta. ¿Quieres meterme unos centímetros de clavo, eh?.
RECLUTA COWBOY: ¡Señor, no, señor!
HARTMAN: ¡Chorradas! Me parece que la leche de tu padre entró por el culo de tu mamá y acabó como una manchita marrón en la sábana. ¡Te han tomado el pelo! ¿Y de donde coño eres, recluta?
RECLUTA COWBOY: Señor, de Texas, señor.
HARTMAN: ¡¡Noooo me jodas!! En Texas solo hay vacas y maricones, recluta Cowboy, y tú no te pareces mucho a una vaca. Así que ya sabemos lo que eres. ¿Te gusta mamar pollas?.
RECLUTA COWBOY: ¡Señor, no, señor!
HARTMAN: ¿No te tragas los rabos?
RECLUTA COWBOY: ¡Señor, no, señor!
HARTMAN: Tu debes de ser de esos tipos desagradecidos, que cuando están dando por el culo no tienen ni el detalle de hacerle una paja al otro. No te perderé de vista.
HARTMAN: ¿A tus padres les queda algún hijo vivo?
RECLUTA PATOSO: ¡Señor, si, señor!
HARTMAN: Seguro que están arrepentidos. Eres tan feo que podrías estar en un museo de arte moderno. ¿Cómo te llamas, gordo de mierda?
RECLUTA PATOSO: ¡Señor, Leonard Lawrence, señor!
HARTMAN: ¿Lawrence? ¿Lawrence de qué? ¿De Arabia?
RECLUTA PATOSO: Señor, no, señor.
HARTMAN: Ese nombre me suena a realeza. ¿Eres tú de la casa real?
RECLUTA PATOSO: Señor, no, señor.
HARTMAN: ¿Te gusta mamar pollas?
RECLUTA PATOSO: Señor, no, señor.
HARTMAN: Tu chuparías hasta una pelota de golf metida en una manguera.
RECLUTA PATOSO: Señor, no, señor.
HARTMAN: No me gusta lo de Lawrence. Sólo los maricones y los marineros se llaman Lawrence. Desde hoy serás el recluta Patoso.
RECLUTA PATOSO: ¡Señor, si, señor!
HARTMAN: ¿Te parezco un listillo, recluta Patoso? ¿te parezco gracioso?
RECLUTA PATOSO: ¡Señor, no, señor!
HARTMAN: Entonces borra esa sonrisita de tu cara.
RECLUTA PATOSO: ¡Señor, si, señor!
HARTMAN: ¿A qué coño estás esperando, corazón?
RECLUTA PATOSO: ¡Señor, lo intento, señor!
HARTMAN: Reculta Patoso, te doy 3 segundos. Exactamente 3 puñeteros segundos para que borres esa estúpida sonrisa de tu cara, si no quieres que te saque los ojos y empiece a correrme en tu mollera. ¡1...2...3!
RECLUTA PATOSO: Señor, no puedo, señor.
HARTMAN: ¡Chorradas!, ponte de rodillas, pichafloja. Ahora ahogate. ¡No me jodas! Con mi mano, caraculo. No tires de mi mano hacia ti, he dicho que te ahogues no que te ahogue yo. Venga, ven hacia aquí, y ahógate. ¿Has acabado de sonreír?
 RECLUTA PATOSO: Señor, si, señor.
HARTMAN: Más alto coño. No te oigo.
RECLUTA PATOSO: ¡Señor, si, señor!
HARTMAN: Sigo son oírte. Grita como si tuvieras 2 cojones.
RECLUTA PATOSO: ¡¡Señor, si, señor!!
HARTMAN: Así está bien, ponte en pie. Recluta Patoso, quiero que pierdas el culo hasta que cagues pepitas de oro sobre mi cabeza, y si no lo haces te voy a joder vivo.
RECLUTA PATOSO: ¡Señor, si, señor!

martes, 23 de noviembre de 2010

V de Vendetta (II)

¡Buenas tardes, Londres!
Permitid que, primero, me disculpe por ésta interrupción. Yo, como muchos de vosotros, aprecio la comodidad de la rutina diaria, la seguridad de lo familiar, la tranquilidad de la monotonía. A mi, me gusta tanto como a vosotros.

Pero con el espiritu de conmemorar los importantes acontecimientos del pasado normalmente asociados con la muerte de alguien, o el fin de alguna terrible y sangrienta batalla, y que se celebran con una fiesta nacional, he pensado que podriamos celebrar este 5 de Noviembre, un día que, lamentablemente, ya nadie recuerda, tomándonos cinco minutos de nuestra ajetreada vida para sentarnos y charlar un poco.



Hay, claro está, personas que no quieren que hablemos. Sospecho que en este momento estarán dando órdenes por teléfono, y que hombres armados ya vienen de camino. ¿Por qué? Porque mientras pueda utilizarse la fuerza, ¿para qué el diálogo? Sin embargo, las palabras siempre conservarán su poder. Las palabras hacen posible que algo tome significado, y si se escuchan, enuncian la verdad. Y la verdad es que en este país algo va muy mal, ¿no?

Crueldad e injusticia, intolerancia y opresión. Antes teníais libertad para objetar, para pensar y decir lo que pensábais. Ahora tenéis Censores y sistemas de vigilancia que os coartan para que os conforméis y os convirtáis en sumisos. ¿Cómo ha podido ocurrir? ¿Quién es el  culpable? Bueno, ciertamente, unos son más responsables que otros y tendrán que rendir cuentas. Pero, la verdad sea dicha, si estáis buscando un culpable, sólo tenéis que miraros al espejo.

Se porqué lo hicisties. Se que teníais miedo. ¿Y quién no? Guerras, terror, enfermedades... Había una plaga de problemas que conspiraron para corromper vuestros sentidos y sorberos el sentido común. El temor pudo con vosotros y presas del pánico acudisteis al actual Lider, Adam Sandler. Os prometió orden. Os prometió paz. Y todo cuanto os pidió a cambio fue vuestra silenciosa y obediente sumisión.

Anoche intenté poner fin a ese silencio. Anoche destruí el Old Bailey para recordar a este país lo que ha olvidado. Hace más de 400 años un gran ciudadano deseó que el 5 de Noviembre quedara grabado en nuestra memoria. Su esperanza era hacer recordar al mundo que justicia, igualdad y libertad son algo más que palabras: son metas alcanzables.

Así que si no abris los ojos, si seguis ajenos a los crímenes de este gobierno, entonces, os sugiero que permitais que el 5 de Noviembre pase sin pena ni gloria. Pero si veis lo que yo veo, si sentís lo que yo siento, y si perseguís lo que yo persigo, entonces, os pido que os unáis a mi, dentro de un año, ante las puertas del Parlamento, y juntos, les haremos vivir un 5 de Noviembre que jamás, jamás, nadie olvidará.

Salsa de Carne (I)


1.- TXUFO: ¿Te imaginas a Blade comprando en el Eroski?
2.- MENDIGUREN: ¿Tú qué opinas de los alcaides de las cárceles?
3.- MENDIGUREN: Tras dos meses siendo vegetariano, al saborear aquel trozo de chorizo del cocido en mi boca sentí que la vida es ARTE
4.- MANU: Si te gustan el color rojo, o los gatitos,o los gatitos rojos, lo tuyo es Bellas Artes.
5.- MENDIGUREN: ¿Manu, tu desde cuando hablas con los animales?
6.- EDER: Álvaro, para ti ese chaleco ya es como algo sagrado, ¿no?
7.- Estando en el cuadrado Adrian, Manu, Igor, Iñigo, Txufo, Kristian y Kristina
KRISTIAN: Aprovechamos ahora para jugar a la botella que somos todo hombres
8.- Mientras se lía un porro; MENDIGUREN: Sois unos putos drogatas de AscoDeVida!!!
9.- VIGIL: Bua, sería genial darle una ostia en las costillas flotantes a alguien con el pie, así, con el talón en la punta!
10.- ITXASO: ¿De qué hablais?
TRAVIS: Nada, nada
ITXASO: No, en serio, ¿de qué hablais?
TRAVIS: Na, déjalo.
ITXASO: Venga, va, decidme de qué hablais
TRAVIS: Que no quieres saberlo....
ITXASO: Que sí, venga. ¿De qué hablais?
TRAVIS: DE TUS TETAS, COÑO!!!
YORK:  Pa que preguntes la próxima vez.
11.- KRISTINA: Me huele el culo a sidra
12.- MENDIGUREN, TRAVIS Y YORK: GGGGGGGAAAAAAASSSSSSS
13.- EDER: Fua, por un momento he pensado que no llevaba los calzoncillos puestos.
14.-  ANDER SAGASTIBERRI: En camino viejo siempre hay barro.
15.- TRAVIS: Porque al dedo pequeño se le llame meñique, a un niño pequeño no le llamas niño meñique.

lunes, 22 de noviembre de 2010

V de Vendetta (I)

En esta noche tan prometedora, permíteme que en lugar del banal sobrenombre sugiera el carácter de esta dramatis persona.

Voilà!
A primera vista, un humilde veterano de vodevil en el papel de víctima y villano por vicisitudes del destino. Este visage, ya no mas velo de vanidad, es un vestigio de la vox populi, ahora vacua, desvanecida. Sin embargo, esta valerosa visión de una extinta vejación se siente revivida y ha hecho voto de vencer el vil veneno de estas víboras en avanzada que velan por los violentos viciosos y por la violación de la voluntad.



El único veredicto es venganza, vendetta, como voto, y no en vano, pues la valía y veracidad de esta un día vindicara al vigilante y al virtuoso.

La verdad, esta vichyssoise de verborrea se está volviendo muy verbosa, así que solo añadiré que es un verdadero placer conocerte, y que puedes llamarme V.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Diario de Rorschach. Última Entrada

Veidt está detras de todo. ¿Por qué? ¿Qué pretende? No cabe imaginar rival más peligroso. Solía bromear diciendo que era tan veloz que podía atrapar una bala. Podría matarnos a ambos el solo en la nieve. Allí es donde vamos: a la Antartida.

Esté vivo o muerto cuando lean esto, espero que el mundo sobreviva el tiempo suficiente como para que este diario llegue a su poder. He vivido mi vida sin rendirme jamás, y me adentro en las sombras si quejas, ni lamentos.

Rorschach. 1 de Noviembre.

System Of A Down - Chop Suey! -> http://www.youtube.com/watch?v=466VHt8KldM

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Francisco de Quevedo - Amor constante mas allá de la muerte

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;

Mas no de esotra parte en la ribera
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
médulas que han gloriosamente ardido,

Su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.

martes, 9 de noviembre de 2010

Diario de Rorschach. 21 de octubre de 1985

En la Cuarenta y tres con la Séptima he visto a Dreiberg y Júpiter salir de una cafetería. No me han reconocido sin mi máscara. Son amantes; le ha partido el corazón a Manhattan para provocar su exilio, y hacerle un hueco a Dreiberg. ¿De verdad tiene Manhattan un corazón que se pueda partir?

El que atentó contra Veidt era un miserable llamado Roy Chess. En su apartamento encontré varias pistas. Al parecer, trabajaba en Pyramid Transnational. He visto ese logotipo antes, en casa de Molock.

Sonata Arctica - Die With Your Boots On (Iron Maiden cover) -> http://www.youtube.com/watch?v=3vPg2V2aouM

lunes, 8 de noviembre de 2010

¿Por qué hoy...

...la lluvia no me reconforta?
Veo las gotas caer, y pienso en todo lo que simboliza para mi. La lluvia, el agua, la vida. Siempre me ha gustado correr, cantar, gritar y bailar bajo la lluvia. En este mundo frio, descorazonador, donde te sientes parte de tan pocas cosas y de tan poca gente, el sentir la lluvia empapandome, refrescandome, me hacia sentir algo raro: me hacia sentir que era parte de algo mucho más grande que cualquiera de nosotros.
Sin embargo hoy no me siento así. Siento que si salgo ahí afuera, no podré ni correr, ni cantar, ni gritar, ni bailar. Simplemente me quedaría quieto bajo la lluvia, cansado y derrotado, mirando al cielo, y dejando que las gotas de lluvia se deslicen por mis mejillas, emulando las lágrimas que soy incapaz de encontrar en mi interior.
Hoy cae la lluvia sobre mi ciudad, pero no me siento feliz. Cada gota que veo deslizarse por el cristal de mi ventana ya no me evoca renacimiento, ni renovación, ni purificación. Cada gota que veo deslizarse hasta perderse, solo me recuerda cada lágrima que debería ser capaz de derramar, pero que no es así.

domingo, 7 de noviembre de 2010

La Larga Marcha - Stephen King

Dedicado a toda la gente que se queja del humo de los fumadores, que dicen que les matamos lentamente.

-¿Sabeis a qué se dedicaba mi tío? -dijo Baker de improviso.
Estaban cruzando un túnel sombrío de árboles rebosantes de hojas, y Garraty estaba intentando olvidar a Harkness y a Gribble y concentrarse en la sensación de frescor.
-¿A qué? -preguntó Abraham.
-Tenía una funeraria -informó Baker.
-Magnífico -respondió Abraham, sin interés.
-Cuando yo era pequeño, siempre me preguntaba... -Baker no terminó la frase. Pareció perder el hilo de lo que estaba diciendo, miró a Garraty y sonrió. Era una sonrisa muy especial-. Me preguntaba quién le embalsamaría a él. Igual que uno se pregunta quien le corta la barba al barbero o quién opera de cálculos renales al cirujano. ¿Comprendes?
-Se necesitan muchos riñones para llegar a médico -dijo McVries en tono solemne.
-No, no. Ya sabes de qué estoy hablando.
-Está bien -intervino Abraham-. ¿A quién llamaron cuando llegó el momento?
-Sí -añadió Scramm-. ¿A quién?
Baker levantó la mirada hacia las ramas gruesas y enroscadas bajo las cuales estaban pasando y Garraty volvió a apreciar que Baker parecía agotado. Claro que ninguno de ellos tenía mejor aspecto, añadió para sí.
-Vamos -dijo McVries-. No nos tengas en ascuas. ¿Quién le enterró?
-Ésta es la broma más vieja del mundo -murmuró Abraham-. Ahora, Baker dirá: "¿Y qué os hace creer que ha muerto?"
-No, no -dijo Baker-. Murió hace seis años, de cáncer de pulmón.
-¿Fumaba mucho? -preguntó Abraham mientras saludaba agitando la mano a una familia de cuatro personas con un gato.
El animal iba sujeto con un lazo y era de raza persa. Parecía miserable y resentido.
-No, nisiqueira en pipa -informó Baker-. Tenía miedo de que le provocara cáncer.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Feliz 5 de Noviembre!

Remember, remember the 5th of november, the gunpowder, treason and plot, I know of no reason why the gunpowder treason should ever be forgot

 http://www.youtube.com/watch?v=_lDPZGbKcig&feature=related

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Espejo Rojo - Capítulo 2

CAPÍTULO 2

SOMBRAS ESCURRIDIZAS




Como podréis imaginar, a la mañana siguiente, cuando Moe me agitó bruscamente para despertarme, no me acordaba de absolutamente nada. Yo os lo puedo contar todo ahora porque todos estos recuerdos volvieron a mí la noche de mi vigésimo cumpleaños, junto a otras cosas que también había olvidado. Pero aquella mañana fría y nubosa, cuando me desperté en medio del cementerio, no sabía que hacíamos allí, ni qué había pasado.
Moe, Diego y David estaban igual que yo. Doloridos por pasar la noche tumbados en la piedra, ateridos por el frío, hambrientos y confusos. Lo último de lo que nos acordábamos los cuatro, tras poner nuestros recuerdos en común mientras volvíamos al pueblo, era oír el llanto detrás de nosotros. Yo expuse una teoría que me parecía la más plausible, y que había oído incontables veces en Cuarto Milenio. Habíamos visto algo que nuestras mentes, por nuestro propio bien, habían decidido borrar de entre nuestros recuerdos. Amnesia selectiva. Ninguno estaba muy convencido con mi teoría, pero a falta de algo mejor, la aceptamos como válida. Aún era muy temprano. El día sólo clareaba, no eran ni las siete de la mañana. Nos apuramos cada uno rápidamente a nuestras respectivas casas, con la esperanza de no levantar a nadie y que nuestra larga ausencia pasase desapercibida (aunque en mi caso poco importaba, a mis viejos les dan igual mis idas y venidas), y quedamos después de comer en  el Polear.

Entré en mi casa con cuidado de no hacer ruido con la puerta, ni al abrirla ni al cerrarla, y tras hacerlo y darme la vuelta, me comí de lleno una silla, que golpeó contra la mesa que hay en medio del hall, el único mobiliario de esa habitación de la casa. Jodida ley de Murphy. Dejé las llaves dentro del cenicero que había en la mesa, y me dirigí a la segunda puerta de la derecha, mi habitación, con la esperanza de que mi vieja no se levantase a ver que había producido el ruido. Por la hora, podría pensar que era un camión que pasara por la carretera. Sin embargo, antes de alcanzar mi puerta, vi a través del cristal de la puerta doble que hay en un extremo del hall una silueta.
Pillado.
Bronca.
Sin embargo, me sentía completamente deshecho, sin ninguna fuerza para aguantar gritos, así que me metí en mi cuarto, me desnudé, dejando la ropa en un sillón, que junto a un armario, dos camas y una mesita de noche con una lámpara, era lo único que había en la habitación, y me metí en la cama, sin molestarme en ponerme nada encima.

Me desperté a las dos y media, con los ruidos de mi vieja poniendo la mesa. Había dormido casi 8 horas, pero me seguía sintiendo bastante cansado. Me puse la ropa del día anterior, y salí de la habitación, a la vez que se abría la puerta de la calle. Mi hermano entró con la bicicleta y la música puesta a tope, como siempre, y la metió en la habitación de enfrente a la nuestra, que era la “habitación de invitados”, aunque en la vida nos había venido ningún invitado a la casa, y la usábamos para guardar trastos.
-Buenos días, imbécil –le saludé, con una sonrisa.
Él pasó junto a mí, devolviéndome el saludo con una inclinación de cabeza. No había oído nada.
-No insultes a tu hermano.
La voz de mi padre salió de la puerta de al lado, la sala. Me asomé, y ahí estaba tirado en un sofá, una mano bajo su cada vez más calva cabeza, con la cada vez más grande barriga al aire, y una cerveza sobre ella. En la televisión, los Simpsons. Por azares de la vida, Homer estaba exactamente igual que él. Sin poder contener la risa, atravesé la puerta doble, y fui a la cocina detrás de mi hermano.
Sólo tenía 14 años, y aún así, ya era mucho más alto que yo, y muy delgado. Tan delgado, que sería más correcto decir que era largo. Más que un día sin pan. El pelo corto, con una coletilla a lo joven padawan, y la misma cara que mi padre. Era prácticamente igual, sólo que sin arrugas ni bolsas bajo los ojos, y sin la barba.
Fuimos los dos a la nevera, y como buenos hermanos, nos peleamos por la botella de agua. Puede que me saque 15 centímetros, pero yo le saco 15 kilos, y le gané de largo. Dentro de un par de años, no creo que sea capaz de hacerlo.
-¡No bebáis a morro! ¡Tenéis los vasos en la mesa, que por cierto, he puesto yo, y tendrías que hacerlo vosotros! ¡Llamad a vuestro padre, que la comida ya está hecha! -nos gritó nuestra madre a nuestras espaldas. Mi madre no sabe hablar, sólo gritar. Da igual que esté de buen o de mal humor, que te esté echando la bronca que felicitándote, ella sólo grita. Es más baja, y definitivamente gorda, con las orejas hacia afuera, la nariz puntiaguda y unos ojillos pequeños. Siempre me había parecido un enano cabreado.
-¡Aitaaaa! ¡A comeeeer! –gritó mi hermano, ganándose una toba por parte de mi madre.
-¡Eso ya lo sé hacer yo! ¡Vete a decírselo a la sala!
La buena vida en familia, siempre igual. Me senté a la mesa, mientras mi hermano iba a buscar a mi padre, y cuando estuvimos los cuatro sentados a la mesa y mi madre sirvió la comida, me abalancé sobre el plato de lentejas. No es comida de mi predilección, pero al olerlas descubrí que estaba realmente hambriento. Me las ventilé en un visto y no visto, y me serví otro plato. Entonces, mientras yo atacaba mi segunda ración de aquellas legumbres, mi madre me vino con la pregunta que yo llevaba temiéndome toda la comida.
-¿¡A que hora llegaste ayer!?
Sin embargo, en su voz había algo raro, algo que yo no acababa de creerme. No estaba enfadada (pese a comunicarse solo por gritos, yo había aprendido a diferenciar sus estados de animo). Levanté la vista de mi plato, la miré a la cara, y vi una expresión afable. “Aquí hay gato encerrado”  pensé yo. Me había visto llegar a casa, y sabía la hora que era. Quizá creía que yo no la había visto, y trataba de jugármela, así que decidí decirle la verdad.
-Sobre las siete, o algo así.
Me metí otra cucharada de lentejas en la boca, y lo mastiqué lentamente, mientras esperaba un grito como “¡SI, TE OYERON HASTA LOS VECINOS!”, pero la respuesta me dejó completamente descolocado
-¡Pues no te oí llegar! ¡Y mira que a esas horas me despierto con cualquier ruido!
No conocía la táctica que estaba usando, ni que se proponía, así que opté por hacer lo mejor: meterme otra cucharada de lentejas, y no abrir la boca. Sin embargo, para mi sorpresa, nadie dijo nada más, y acabamos la comida en paz.

Mientras estaba fregando los cacharros, me sonó el móvil. Descolgué y me puse el teléfono como malamente pude entre la oreja y el hombro mientras acababa. Diego, David y Moe llevaban ya un rato esperándome. Terminé de fregar, me pegué una ducha en un par de minutos, me puse ropa limpia, toda blanca, por que hacía un calor horrible a esas horas, y salí de casa.

Mi pueblo no es muy grande. En sus buenos tiempos llegó a albergar a unas mil personas, aunque ahora solo quedan trescientas viviendo todo el año, y quizá lleguemos a cuatrocientas en verano. Las casas, todas familiares, pegadas unas a las otras forman un par de calles a un lado de la carretera nacional que lo divide justo por el medio, y otro par al otro lado. Tiene siete bares, una iglesia, una gasolinera que quebró hace un par de años, una plaza de toros y un parque infantil. Muy pintoresco todo.
El Polear, el sitio donde solíamos quedar, era un banco flanqueado por dos árboles inmensos en un extremo del pueblo. Detrás del Polear ya sólo se extendían campos de cultivo y pastos para las vacas y las ovejas durante kilómetros y kilómetros.

Cuando llegué allí, David estaba tirado a la sombra de un árbol, Diego subido en una rama baja y gruesa, y Moe tumbado en el banco. Cada uno tenía una cerveza en la mano. Al oírme llegar Moe se incorporó, me saludó y me lanzó otra lata.
-Que detalle, Moe. Tú no eres muy dado ha hacer este tipo de regalos.
-Nadie ha dicho que lo sea.
-Como siempre, más rata que un catalán –dijo David.
No pude más que sonreír. David era catalán, y Moe salmantino.
-Está bien, te pagaré la siguiente –le concedí.
Me senté en el respaldo del banco, que era de piedra y estaba fresquito, poniendo los pies en el asiento, abrí la lata, y le pegué un largo trago.
Durante un rato, lo único que se oyó fue el murmullo de las hojas agitadas por el viento, y el piar de algún pajarillo que tenía su nido en el árbol en el que estaban Diego y David. Moe se sacó un cigarrillo, se lo llevó a los labios, sacó un zippo, recuerdo de su padre, lo abrió (¡clac!) se encendió el cigarrillo, lo cerró (¡clic!) y se lo guardó. Siempre me han gustado los zippos, me parecen muy elegantes. Se lo pedí, yo mismo me saqué un cigarrillo, me lo encendí, y tras admirar el brillo del sol en su superficie plateada, donde estaba grabada la fecha de nacimiento de Moe, se lo devolví. Acto seguido, David y Diego también se pusieron a fumar. Síndrome del Fumador, que diría mi buen amigo York. Cuando alguien se enciende un cigarrillo, cualquier fumador cercano, en menos de dos minutos, se habrá encendido uno también. Fumamos en silencio durante un par de minutos. Finalmente, Moe le dio un tiro largo, retuvo el humo unos cuantos segundos, y expiró lentamente. Sus ojos verdes, sus labios finos, su cara ancha, hasta su sempiterna cresta en su pelo negro transmitían preocupación y turbación. Hizo una pregunta que fue sólo un susurro, tan bajo, que más parecía una pregunta formulada para si mismo que para el resto.
-Tíos, ¿Qué nos pasó anoche?
Otro rato de silencio. Ninguno sabíamos que responder, así que volví a mi teoría:
-¿Amnesia selectiva?
-¿Y eso de que nos sirve? –preguntó David, enfadado de repente- Si tienes razón, ¿Qué coño significa eso? ¿Qué es lo que vimos anoche como para que nuestras mentes lo hayan borrado?
-Tío, que yo no tengo la culpa –me defendí- pero se me ha ocurrido una manera de recordarlo.
Diego saltó de la rama en que todavía estaba al suelo, le dio la última calada a su cigarro, lo tiró al suelo, y lo aplastó con el talón desnudo. Sólo llevaba unos pantalones cortos negros y una camisa blanca abierta.
-Te conozco como si te hubiera parido –me dijo, mientras sus ojos, de un azul tan claro que siempre me había parecido antinatural, se clavaban en los míos- terapia de choque, ¿verdad, jodido extremista?
Le sonreí, y el me devolvió la sonrisa, mientras asentía, y sus rizos negros bailaban alegremente alrededor de su cabeza.
-¿Qué coño significa terapia de choque? –preguntó Moe, bastante nervioso. Era el único que no lo había entendido, por que fue David el que le contestó.
-Ziprus pretende que subamos esta noche al cementerio de nuevo, y por la sonrisa de Diego, yo diría que le apoya. Y la verdad, yo también tengo intención de descubrir que coño se esconde en mi cabeza, así que también voy.
-Que remedio –suspiró Moe-. Yo también quiero descubrir que es lo que pasó anoche. Contad conmigo.

Pasamos el resto de la tarde exactamente en el mismo sitio, levantándonos sólo para ir a por más cervezas al bar más cercano (donde Moe me hizo pagarle la cerveza que le debía), y hablando de las fiestas del pueblo, que iban a ser pronto, aunque era solo una fachada, ya que por dentro no dejábamos de preguntarnos que era lo que nos había pasado esa noche en el cementerio. Yo había cambiado mi lugar, me había tumbado a la sombra del otro árbol, justo en frente de David, y era al único que le veía la cara. Llevaba el pelo muy corto, casi rapado. Tenía las orejas pequeñas, la nariz pequeña, y los labios pequeños, aunque era proporcionado. Era muy pálido, y sus ojos negros y grandes resaltaban en su cara. Y yo podía leer en todo ello la tensión, la impaciencia, y un poco de miedo. Casi hasta podía ver bajo su ropa sus músculos en tensión, como cuando esperaba una pelea. Hacía Taekwondo desde pequeño, y siempre andaba de gresca en gresca, al estilo de los antiguos guerreros, buscando a alguien que pudiese con él. Hasta la fecha, el muy cabrón no había a encontrado a nadie.
Miré a Moe, tumbado en el banco e intentando ponerse la lata de cerveza en equilibrio sobre la frente, y busqué a Diego entre las ramas de los árboles, pues había subido mucho más buscando un nido. Pensé que en los dos tendrían la misma expresión que David. Exactamente la misma que debía de tener yo. Cuando las campanas de la iglesia dieron las nueve en punto, nos fuimos cada uno a nuestra casa a cenar, quedando una hora más tarde en la plaza del ángel.

-¡Ya he llegado! –grité al entrar en casa- ¡Que bien huele! ¿¡Que hay para cenar!?
Nadie me respondió, así que decidido a descubrirlo, me encaminé a la cocina, pero vi a mi madre andando entre los trastos de la habitación de los invitados y entré a ver si necesitaba ayuda.
-¿Quieres que te…?
Me quede con la palabra en la boca. No había nadie en la habitación. Sólo había visto una sombra con el rabillo del ojo al pasar por delante de la puerta, sin embargo habría jurado que había alguien ahí dentro.
-¡La cena ya está en la mesa, y se esta enfriando!
Pegué un salto que casi llego al techo. Mi madre me estaba gritando prácticamente en el oído, y entre lo del cementerio y lo que acababa de pasar, tenía los nervios de punta.
-¡Vamos, a cenar, o te quito el plato de la mesa!
Y salió de la habitación. Yo miré una vez más a mí alrededor, y al no ver nada, fui a cenar. Supuse que era sólo producto de mi imaginación, un poco desbocada después de la aventura de la noche anterior. Con un poco de suerte, mi terapia de choque funcionaría, y otra vez volvería a la normalidad. Siempre y cuando lo que recordásemos no fuese demasiado traumático.

Llegué a la plaza del ángel cuando las campanas daban las diez y media de la noche. Como siempre, llegaba tarde, y ya estaban los tres esperándome. Curiosamente, los cuatro íbamos vestidos de negro.
-Lo siento mucho, tíos, pero no encontraba esto.
Saque de un bolsillo dos pequeñas linternas de LEDs que utilizaba mi padre en el trabajo, que son bastante potentes, y le di una a David. La otra me la quedé yo. Diego tenía una pequeña linterna en el llavero, y Moe su zippo.
-Bueno, pues vamos ya. –Dijo Diego- pero mejor por el camino largo.
Hay dos caminos que llevan al cementerio. Uno que es prácticamente en línea recta, pero que durante un trecho está rodeado de casas, y no queríamos que nadie nos viese subir al cementerio. Luego siempre nos echaban la culpa si aparecían cosas rotas. El camino largo salía por el otro extremo del pueblo, rodeaba un par de tierras, la colina en la que estaba el cementerio, y subía por la parte de atrás.
Andamos rápido, ya que gracias a la luz de las linternas se podía ver perfectamente, y no teníamos miedo de pisar alguna de las muchas piedras que había en el camino y partirnos un tobillo (a Moe ya le había ocurrido una vez) y llegamos en 15 minutos al cementerio.
Al llegar a la entrada, Moe se adelantó, abrió el candado y la puerta, y nos franqueó el paso.
David y yo avanzábamos delante, con las linternas, iluminando todo lo que podíamos, mientras caminábamos por el camino de piedrecillas. Diego habló detrás de nosotros:
-Esto todavía lo recuerdo. Llegamos hasta las escaleras, y al subirlas fue donde nos asustamos al ver a Moe corriendo hacia nosotros –aquí le pegó un puñetazo en el hombro- Luego avanzamos, y al estar a punto de llegar a la tumba de Angélica, oímos el llanto detrás nuestro. Es ahí cuando mis recuerdos se acaban.
-Los míos también –corroboró Moe- No es como en las películas: “Todo esta borroso…” No esta borroso. Simplemente, no está.
Divagaba, pensé yo.
Llegamos hasta la tumba de Angélica. Nos quedamos mirándola unos instantes, mientras David y yo la iluminábamos con las linternas. Estaba exactamente igual que la última vez que la vi, y de eso hace ya un par de años. Luego nos dimos la vuelta, como debimos darla la noche anterior. Nuestras linternas iluminaban el camino, las tumbas de alrededor, el árbol al final del camino, creciendo junto al muro. Nos quedamos casi un minuto así.
-¿Alguien siente algo? –preguntó David. Todos negamos con la cabeza- Yo tampoco.
Empecé a mover la luz de la linterna por todo el camino, buscando algo, hasta que me fijé en algo del camino.
-Mirad allí.
Me acerqué hasta lo que me había llamado la atención, y los demás me siguieron.
Todos me rodearon, y se quedaron mirando al suelo, donde yo tenía dirigido el círculo de luz de mi linterna.
-Yo no veo nada –dijo Moe- ¿Nos lo explicas?
-Mirad el resto del camino.
Barrí todo el camino con el haz de luz.
-¿No veías la diferencia? Aquí pasó algo anoche. Todas las piedras y el polvo del camino están removidas, mucho mas de lo que lo haría alguien al andar, como si alguien se hubiese peleado aquí. Y no solo eso. Las piedras están algo ennegrecidas. –iluminé la tumba que había al lado nuestro, para confirmar mis sospechas- ¡Eso es! ¡Mirad!
En el suelo había algo que con un poco de imaginación se podía reconocer como los restos de un ramo de flores envuelto aún. Se había quemado, por lo que se había convertido en poco más que un montón de plástico con algo de colorido. La parte baja de la tumba, y la hierba de alrededor, estaban chamuscadas.
-Aquí se quemó algo. –Dictaminé-.
-Entonces, me estas diciendo –dijo Diego con voz escéptica- que aquí pasó algo que hizo que toda la tierra se removiera. Y además, hay signos de que aquí ha habido fuego. ¿Pretendes que quemaron algo aquí que mientras se quemaba se agitaba y se removía? ¿Qué quemaron algo vivo?
No quería hacerlo, pero en ese momento me embargó la necesidad de hacer uso de mí, tan odiado por muchos, “humor negro”, por definirlo de alguna forma.
-Que quemaron….o que quemamos algo vivo. ¿Acaso alguno de vosotros a recuperado algún recuerdo? ¿No, verdad? Pues todas las hipótesis siguen abiertas.
No lo creía en absoluto, pero me divirtió bastante ver la cara horrorizada de todos al oírme decirlo. Después la necesidad pasó, y me sentí un poco mal por ellos, ya que por mi tono serio, se lo habían creído completamente.
-Naaaa, no creo que ocurriese nada así. Nos despertamos en el mismo sitio en el que nos desvanecimos, según nuestros recuerdos, por lo que mi teoría es que al girarnos vimos algo, y nos desmayamos. No creo que hiciéramos nada.
-Entonces, tu terapia de choque –me espetó David con voz acusatoria- nos ha traído más preguntas que respuestas.
No me enfadé en absoluto con él. Conocía a David desde hace mucho. Está acostumbrado a encarar sus problemas, y si es necesario (y casi siempre lo era teniendo en cuenta los problemas que él se buscaba), superarlos a golpes. La situación debía estar destrozándolo por dentro.
-Eso parece. –le concedí- Lo mejor será que volvamos al pueblo. Lo siento, pero parece que sólo hemos perdido el tiempo.
Mientras bajábamos las escaleras, una sensación extraña me atenazó el pecho. Dirigí la mirada hacia arriba. Sobre nosotros sólo estaban las ramas del árbol. Pero entre ellas… dirigí rápidamente la linterna hacia un lugar entre las ramas, pero no había nada. Habría jurado que había un bulto allí arriba, pero debía ser mi imaginación.
Sin embargo, al quedarme mirando el árbol, comencé a sentir algo extraño, como un picor en la nuca. Una sensación como la que tienes cuando estas pensando una palabra, la tienes en la punta de la lengua, y pese a todo no eres capaz de decirla.
Al cabo de unos segundos la sensación, como vino, se fue, y al percatarme de que mis amigos no se habían dado cuenta de que me había quedado atrás y estaban a punto de llegar a la puerta, fui tras ellos.

De vuelta en el pueblo, fuimos a comprar sendas litronas de cerveza, y a bebérnoslas sentados en la plaza de toros del pueblo, uno de los pocos sitios donde podías conseguir un poco de intimidad por las noches. Era la primera vez que sentía un aire de abatimiento y desdicha en general estando ahí arriba. El silencio era opresivo, y las caras preocupadas de los demás me entristecían, por lo que tomé una decisión.
-Tíos, no creo que podamos saber nunca lo que pasó ahí arriba anoche, así que yo voto por no comentárselo a nadie, y tratar de olvidarlo.
-Ziprus, es lo más sabio que te he oído decir en días –dijo Diego mientras inclinaba su litrona hacia mi- yo voto por lo mismo –y le pegó un largo trago a la cerveza- ¿Y los demás?
-Supongo que estamos con vosotros.
-Si, que remedio.
Y ambos le dieron un trago a sus cervezas.
-Pues nada, declaro esta inexplicable aventura, olvidada –y yo también le di un largo trago a mi cerveza- ¡A otro tema! ¿Habéis visto este verano a Cristina? ¡Por Dios! ¡Parece que cada año le crezcan más las tetas!
Todos rieron mi comentario, y la tensión se desvaneció de golpe.
-Puto Ziprus, siempre igual. –me dijo Diego, entre carcajadas- ¡Obseso!
-Puedes llamarme lo que quieras, pero estoy seguro de que este año están más grandes.
-¡O tú más salido!
-¡Que no! ¿No habéis visto esas tetas? ¡Son como un empate en un concurso de zeppelines!
-¡Salido!
-Jajajajaja!

La noche pasó rápido, entre risas, humo de cigarrillo y cerveza, y pronto empezó ha hacer frío pese a ser finales de Julio, por lo que decidimos irnos cada cual a su cama.

Eran las 4 de la mañana cuando entré en casa, con todo el sigilo posible, tratando de no despertar a mi madre, ya que ni mi padre ni mi hermano se despertarían aunque reventase una bomba en la puerta de casa.
Dejé las cosas en mi cuarto, donde mi hermano roncaba plácidamente, me puse el pijama, y me encaminé a la cocina. Al cerrar la puerta de la habitación, se me escurrió la manilla, dando sin querer un portazo de impresión. Otra vez, la ley de Murphy a tocarme las pelotas. Pude escuchar cómo se abría la puerta del pasillo que da al cuarto de mis padres, y unos pasos hacia la cocina. “Valor y al toro” me dije “Mejor la bronca ahora que amargarse mañana por la mañana”. Sin embargo, cuando abrí la puerta de la cocina, la luz estaba apagada, y no había nadie dentro.
Un sudor frío me resbaló por la espalda, y el estómago empezó a encogérseme por el miedo. Apreté el interruptor de la luz con una mano temblorosa, mientras maldecía la vieja luz fluorescente, por tardar tanto en encenderse. Sin poder contenerme más, entré en la cocina como una exhalación, y abrí la nevera de par en par para iluminar con su luz la estancia. Al hacerlo, percibí con el rabillo del ojo una sombra que salía precipitadamente por la puerta. Sin pararme a pensar, salí corriendo detrás de la sombra, pero no había ningún rastro de ella. Sin embargo, al final algo llamó mi atención, algo que hizo que se me parase el corazón en el pecho por un segundo. Me acerqué a la puerta del desván.
Para evitar que la puerta se abriese por ráfagas de viento, la manilla estaba atada con un cordón de zapato a un clavo que había en el marco. El cordón estaba suelto y balanceándose, como si alguien (o algo, se empeñó en aclararme una voz en mi cabeza) acabase de cerrar la puerta tras de sí. En ese instante, un ruido infernal me sobresaltó a mis espaldas, haciéndome casi perder el conocimiento del susto. Había dejado la nevera abierta, y el motor comenzado ha hacer un ruido espantoso.
Cuando por fin conseguí reponerme un poco, y calmar algo los latidos de mi corazón, la puerta de mi lado se abrió de golpe, llevándome otro susto de muerte y lanzando un grito de miedo y sorpresa. El ruido de la nevera había despertado a mi madre, que salía a ver que pasaba. Esta vez tuve que apoyarme en la puerta del desván para no caer redondo al suelo. Sin embargo, la puerta que lleva al desván es vieja (de ahí que la cerremos con el cordón del zapato) y con mi peso cedió y se abrió ante mí. Caí de rodillas, con el tiempo justo de poner las manos para no abrirme la cabeza contra las escaleras de cemento. Mientras estaba agachado, tratando de recuperar el aliento, mientras mi madre me posaba una mano en el hombro y me decía algo, aunque yo no oyese nada, por que el latido acelerado de mi corazón ocupaba toda mi cabeza, sentí la necesidad de levantar la vista y mirar hacia arriba. Entre la oscuridad que reinaba en el desván, al final de las escaleras, pude vislumbrar dos relucientes ojos rojos que me observaban, casi burlones. Esta vez fue demasiado para mi. Todo a mí alrededor se tornó gris, un zumbido llenó mi cabeza, y finalmente me desmayé.

Me desperté pasados unos minutos, tumbado en el sofá de casa. Tenía a mi padre encima. A juzgar por como me dolía la cara, debía haberme despertado a tortazo limpio. Era lo único que sentía de todo el cuerpo. La cara dolorida, y la cabeza llena de plomo líquido, que me impedía pensar con claridad.
-¿Estas bien, chaval?
-S…si -acerté a balbucear-.
-Vaya susto nos has pegado. ¿Qué te ha pasado?
-Igual que a vosotros, un par de sustos. Oí unos ruidos en la puerta del desván, y cuando fui a mirar, acojonado, la nevera se puso ha hacer ruido, y luego ama apareció de golpe a mi lado, y creo que me desmayé del miedo.
-No me lo puedo creer. ¡Tienes casi 20 años, y te desmayas por un par de sustos! Tienes suerte de que ya me haya quedado a gusto de pegarte, si no te daba otro sopapo. Me vuelvo a la cama.
Y se fue, dejándome ahí. Prefería que pensase que soy un cobarde, a contarle lo que en verdad había visto. O lo que yo creía haber visto. Al incorporarme, vi a mi madre sentada en el sofá de enfrente.
-¿Estas bien? –me preguntó con voz preocupada, y por una vez, no gritó.
-Si, tranquila, ya se me ha pasado. Hemos estado contándonos historias de miedo antes de volver a casa, y tenia la imaginación sobreexcitada.
-Siento haberte dado un susto así.
-No pasa nada, me lo tomaré como que me has devuelto todos los que yo te he dado a ti.
Y es que tengo una afición malsana de asustar a la gente siempre que puedo, y mi madre, medio sorda de tanto gritar, era la víctima perfecta cada vez que entraba en la cocina y estaba haciendo algo de espaldas a mí. Más de una vez casi le da un ataque, literalmente, por mis “bromitas”.
-Como me vuelvas a asustar, estas castigado todo el verano. Buenas noches.
Y también se fue. Me quedé solo en la sala, pensando. Me había desmayado de puro miedo. No podía creérmelo. Realmente, todo el tema de lo del cementerio me había puesto los nervios de punta. Entonces, me di cuenta de que estaba al lado de la chimenea, que comunicaba directamente con el desván. Me quedé mirándola durante un momento, y escuché un ruido que provenía de arriba. Era sólo la madera, que crujía por el cambio de temperatura entre la noche y el día, una diferencia de casi 10 grados. Sin embargo, decidí irme a la cama antes de escuchar algún ruido para el que no tuviese explicación.

A la mañana siguiente volví a ver al resto, pero decidí no comentar nada, ya que había sido yo mismo el que decidió que olvidásemos el tema. Esa misma tarde llegaron mi primo Xabi, y Abel. Al día siguiente, Álvaro, y Alexandra, que subió de la ciudad para estar en el pueblo para fiestas. Toda la panda al completo. Me bastaron dos noches de fiesta juntos para olvidar todo lo inexplicable que me había pasado en casa, hasta que llegó la hora de montar el local para fiestas.

El local que usamos en fiestas no es más que mi garaje, ya que mi padre tiene que trabajar en las fechas de fiestas, y el sitio está vacío. Por ello guardamos todo: la nevera, los sofás, los colchones, la barra, el equipo de música... en mi desván.
Eran las cuatro de la tarde cuando nos pusimos a trabajar. Hacía un calor insoportable en la calle, más de 40 grados al sol,  lo que quiere decir que no podías estar más de 30 minutos en el desván sin correr peligro de muerte. Basta subir las empinadas escaleras para empezar a sudar como un cerdo, no digamos ya ponerse a cargar con sofás y neveras. Pese a ello, trabajamos bastante deprisa. Nunca, ha ninguno de mis amigos, les había gustado mi desván, y a mí el que menos. Ellos no llegaron a verlo, ya que mi padre lo mandó quitar, pero cuando compramos la casa, en una pared había varios pares de grilletes. El desván siempre había tenido un aire ligeramente amenazador, y ahora, para mi, más que nunca.
Sin saber cómo, en uno de los viajes que estábamos haciendo para bajar cosas, me encontré sólo en el desván. Me quedé mirando la pared en la que habían estado los grilletes, y preguntándome si alguien habría muerto encadenado a ellos, y su espíritu seguía ahí arriba encerrado. Mis ojos se dirigieron casi solos hasta la esquina más alejada del lugar, un rincón donde nunca daba el sol, y dónde habían estado un par de grilletes que cuando los quitamos aún conservaban unas manchas que yo juraría que eran sangre. Allí, entre las sombras más oscuras, me pareció percibir una vez más dos ojos rojos que me miraban y casi parecían sonreír.
Cogí una bolsa que tenía a mano, confiando en que fuese algo para el local, y bajé corriendo las escaleras.

Aquella fue la última vez que me ocurrió algo inexplicable en el pueblo, si no contamos los tres pares de gafas con los que me desperté un día en la cama, o las mechas rubias de Moe, o el dedo del pie roto de David, pero supongo que en eso tendrán algo que ver el alcohol y las fiestas, no lo que fuera que habita en mi desván. Incluso cuando hubo que subir de nuevo las cosas, pasadas las fiestas, no volví a ver ni a oír nada raro, aunque también es cierto que tuve mucho cuidado de no quedarme solo otra vez arriba.

Diario de Rorschach. 16 de octubre

He pensado en la historia de Molock. Puede que todo sean mentiras. Una venganza planeada durante los años que pasó entre rejas. Pero si eso es cierto, ¿qué pudo asustar tanto al Comediante como para llorar delante de Molock? ¿Qué fué lo que vio? ¿Y esa lista que mencionó?

Edward Blake. El Comediante. Nacido en 1918. Enterrado bajo la lluvia. Asesinado. ¿Es eso lo que nos espera? No hay tiempo para los amigos, sólo los enemigos nos dejan rosas. Vidas violentas, con un fin violento. Blake lo entendía: los humanos son de naturaleza salvaje, por mucho que intentes adornarlo, disfrazarlo. Blake vio la verdadera cara de la sociedad, y escogió ser una parodia de ella. Un chiste.

Una vez me contaron un chiste. Un hombre va al médico y le dice que está deprimido, que la vida es dura, y cruel. Dice que se siente solo en un mundo amenazador. El médico le dice: "El tratamiento es muy sencillo. El gran payaso Baggiacci está en la ciudad. Vaya a verle. Eso le animará." El hombre rompe a llorar: "Pero doctor -le dice- yo soy Baggiacci." Es un buen chiste. Todo el mundo se rie. Se oye un redoble, y baja el telón.

Guns 'n' Roses - Knocking on Heavens Door -> http://www.youtube.com/watch?v=xw6bbTxbTds&feature=related